Generación del 27
Es un grupo de escritores que, nacidos en fechas cercanas y movidos por un acontecimiento de su época, se enfrentan a los mismos problemas y reaccionan de modo semejante ante ellos.
Generación literaria
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Generación del 27
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- Un grupo de escritores.
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- Los principales representantes del grupo son Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández y Luis Cernuda.
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- Nacidos en fechas cercanas.
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- Entre el más joven, que es Cernuda, y el mayor, Salinas, sólo hay nueve
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- Movidos por un acontecimiento.
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. - El acontecimiento que los unió y les dio el nombre fue el homenaje que el grupo hizo a Luis de Góngora en el año 1927 en Sevilla, al conmemorarse el tercer centenario de su muerte. Hay que destacar la influencia ejercida por Juan Ramón Jiménez.
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- Reacción semejante.
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- Todos sienten la necesidad de encontrar un lenguaje poético que exprese mejor los temas que tratan.
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Características del la Generación del 27
- Tradición y vanguardismo.
Aunque desean encontrar nuevas fórmulas poéticas, no rompen con nuestras tradiciones y sienten admiración por el lenguaje poético de Góngora, por nuestros autores clásicos y por las formas populares del Romancero.
A la par que lo tradicional, las corrientes de vanguardia, sobre todo el surrealismo, ejercen gran influencia en el grupo del 27. Los escritores surrealistas exploran el mundo de lo inconsciente y pretenden alcanzar la belleza absoluta, que está por encima de la realidad.
- Intención estética. Intentan encontrar la belleza a través de la imagen. Pretenden eliminar del poema lo que no es belleza y, así, alcanzar la poesía pura. Quieren representar la realidad sin describirla; eliminando todo aquello que no es poesía.
- Temática. Sienten especial interés por los grandes asuntos del Hombre, como el amor, la muerte, el destino... y los temas cargados de raíces populares.
- Estilo. Se preocupan fundamentalmente de la expresión lingüística y buscan un lenguaje cargado de lirismo.
- Versificación. Utilizan estrofas tradicionales (romance, copla...) y clásicas (soneto, terceto...). También utilizan el verso libre y buscan el ritmo en la repetición de palabras, esquemas sintácticos o paralelismo de ideas.
Otro hecho de singular interés fue la fundación de la Revista de Occidente por Ortega y Gasset en 1923. En ella se publicaron trabajos filosóficos, ensayísticos y poéticos.
Pero es el año de 1927 la que marcó de forma indeleble a todo el grupo de escritores que se unieron para rendir homenaje a Luis de Góngora y Argote con ocasión del tercer centenario de su muerte. Para ello se realizaron veladas literarias, conferencias y proyectos literarios destinados al estudio de la obra del poeta cordovés.
Agreguemos que al igual que el homenaje realizado a Góngora se realizaron otros homenajes. En 1935, se realiza el tercer centenario de la muerte de Lope de Vega y, en 1936, el cuarto centenario de la muerte de Garcilaso de la Vega. Aunque ninguno de ellos alcanzó la trascendencia con la que se celebró el de Góngora.
Autores
- Gerardo Diego
Nació en Santander en 1896 y murió en Madrid en 1987. Fue catedrático y miembro de la Real Academia de la Lengua. Fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1925.
Una gran parte de su extensa producción poética gira en torno a la temática tradicional. Cultivó los más variados temas: el amor, lo religioso, la música... en forma de romances y sonetos.
Son obras suyas: El romancero de la novia, Imagen, Manual de espumas, Versos humanos, Versos divinos, Paisaje con figuras, Odas morales, Poesía de creación.
- Pedro Salinas
Nació en Madrid en 1892. Fue catedrático de Literatura española en la Universidad de Sevilla y en la de Murcia. También enseñó durante un año en Cambridge y trabajó como Secretario General de la Universidad de Verano de Santander. Durante la guerra civil se exilió y enseñó en varias universidades norteamericanas. Entre 1943 y 1946 fue profesor en San Juan de Puerto Rico. Murió en Boston en 1951; pero sus restos descansan en el cementerio de hombres ilustres de Puerto Rico, por deseo personal del autor.
El tema central de su obra es el amor. Su obra más importante, La voz a ti debida, es un extenso poema de amor en el que el poeta busca a la amada más allá del mundo real, más allá de la amada misma. El mundo y la amada reales son negados por el poeta para crear la imagen ideal de mujer. La amada se convierte así en un concepto puro. Escribió también otros libros de poemas como El contemplado, Razón de amor, Confianza...
- Rafael Alberti
Nació en Puerto de Santa María, Cádiz en 1902 y murió en 1999. A los quince años se trasladó con su familia a Madrid. Se afilió al partido comunista y participó activamente en la política durante la guerra civil. Al acabar dicha guerra se exilió, viviendo en Argentina y en Italia. Con el cambio político de España después de la muerte de Franco, regresó a España, llegando a ser diputado del Congreso por Cádiz. En 1983 recibió el Premio Cervantes por el conjunto de su obra literaria.
En 1925 publica Marinero en tierra en el que refleja la nostalgia de su tierra natal, que recuerda desde Madrid. En esta línea escribió también: El alba del alhelí, La amante.
En 1928 aparece su obra Sobre los ángeles, donde rompe con el lenguaje poético tradicional y utiliza técnicas surrealistas.
En 1928 aparece su obra Sobre los ángeles, donde rompe con el lenguaje poético tradicional y utiliza técnicas surrealistas.
- Vicente Aleixandre
Nació en Sevilla el 26 de abril de 1898. A los dos años se fue con su familia a Málaga. El mar Mediterráneo estará presente siempre en su obra. Su afición por la lectura fue enorme y muy temprana, aumentando con la edad. Estudió Derecho y Comercio, pero se dedicó por entero a la poesía. Después de muchas lecturas llegó a sus manos una antología de Rubén Darío que despertó en él el gusto por la poesía e hizo brotar su vena artística. Fue miembro de la Real Academia y obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1977. A partir de 1925 una grave enfermedad va a marcar su vida para siempre: períodos de actividad se ven interrumpidos por otros de reposo para recuperar su salud. Así vivió, retirado en su casa de Madrid hasta su muerte, ocurrida en 14 de diciembre de 1984.
Toda su obra gira en torno al hombre, al que concibe como un ser pesimista y angustiado. Esta visión del hombre hace que en su poesía se traten temas como el amor, la vida, las pasiones, los sentimientos y la muerte. Sus libros de poemas más famosos son: La destrucción o el amor, Sombra del Paraíso, Historia del corazón.
- Miguel Hernández
Nació en Orihuela en 1910. Pertenecía a una familia humilde, y de niño se ocupó de los trabajos propios del campo. Más tarde trabajó en una tienda y en una notaría. Recibió las primeras enseñanzas en la escuela de su pueblo, pero casi toda su cultura la recibió a través de la lectura y sus ansias de saber. En 1934 se fue a Madrid donde trabajó como secretario y conoció a grandes poetas como Aleixandre y Neruda. Tomó parte en la guerra civil del lado republicano. Al terminar el conflicto fue condenado a muerte, aunque se le rebajó la pena a treinta años. A causa de una tuberculosis, murió en la cárcel de Alicante en 1942.
La poesía de Miguel Hernández es apasionada, llena de ardor y vehemencia que contagian al lector.
Dentro de sus obras podemos destacar:
· El rayo que no cesa, donde se concibe el amor como una tortura y un sentimiento trágico.
· Viento del pueblo. Libro de poemas de tipo político.
· Elegía a Ramón Sijé que le dedicó después de su muerte.
· Cancionero y romancero de ausencias. Colección de poemas escritos en la cárcel, con un lenguaje nuevo inicio de un cambio de estilo que truncó su muerte prematura.
FEDERICO GARCÍA LORCA
Nació el 5 de junio de 1898, en el Municipio de Fuente Vaqueros, en Granada (España).

Era hijo del hacendado Federico García Rodríguez y de la maestra Vicenta Lorca.
De salud enfermiza y mal estudiante, se graduó luego de sortear varios obstáculos, en la Universidad de Granada, como abogado. Estudió música (piano) pero por influencia de su madre y de Don Fernando de los Ríos, comenzó a inclinarse por la poesía. Su primer artículo, data de 1917, y fue con motivo del aniversario de José Zorrilla.
Era hijo del hacendado Federico García Rodríguez y de la maestra Vicenta Lorca.
De salud enfermiza y mal estudiante, se graduó luego de sortear varios obstáculos, en la Universidad de Granada, como abogado. Estudió música (piano) pero por influencia de su madre y de Don Fernando de los Ríos, comenzó a inclinarse por la poesía. Su primer artículo, data de 1917, y fue con motivo del aniversario de José Zorrilla.
Su obra muestra la influencia de autores como Benito Pérez Galdós, Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, Lope de Vega, Juan Ramón Jiménez, Antonio y Manuel Machado, entre otros.
Su padre lo ayudó económicamente para que en 1918 apareciera su primer libro “Impresiones y Paisajes”. En teatro, estrenó en 1920 “El maleficio de la mariposa”. En 1921 “Libro de poemas” (Antología) y en 1923 “La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón” (Comedia de títeres). Publicó “Canciones” en 1927, y al año siguiente surgió la Revista Literaria “Gallo” de la cual solo dos números fueron editados. Aparece ese mismo año el libro “Primer romancero gitano”, donde expresa con grandes metáforas y abundancia de símbolos (La luna, los colores, los caballos, los peces) sentimientos sobre el amor y la muerte en una mítica Andalucía.
En 1929 viajó a Nueva York, donde publicó “Poeta en Nueva York” Un año más tarde se dirigió a La Habana, donde escribió “Así pasen cinco años” y “El público”. Ese mismo año regresó a España donde se estrenaba “La zapatera prodigiosa”, su farsa popular, que enfrenta realidad e imaginación.
Su producción siguió creciendo: “Bodas de sangre”, “Yerma” y “Doña Rosita la soltera” fueron escritas con el gran apoyo moral y financiero de su amigo Fernando de los Ríos, que se desempeñaba como Ministro de Instrucción Pública. Fue nombrado Director del teatro universitario La Barraca, y desde allí realizó una amplia labor de divulgación por toda España.
Viajó a Argentina y Uruguay entre 1933 y 1934, con gran éxito. En 1935, escribió “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, en la línea del neopopulismo.
Luego, sobrevinieron, en 1936, “Diván del Tamarit” y “Sonetos del amor oscuro”. En “La casa de Bernarda Alba”, afronta el drama de la represión de lamujer y la intolerancia.
Luego, sobrevinieron, en 1936, “Diván del Tamarit” y “Sonetos del amor oscuro”. En “La casa de Bernarda Alba”, afronta el drama de la represión de lamujer y la intolerancia.
En general, su obra, que puede agruparse en farsas, comedias, tragedias y dramas, se inscribe en el dramatismo y el realismo político, inspirado en temas como el amor, la esterilidad, la infancia y la muerte.
Con una gran capacidad de síntesis, armoniza formas, tonalidades y símbolos, como por ejemplo, la luna, que muchas veces representa la muerte, y en otras, la fecundidad, la esterilidad o la belleza. Sus metáforas relacionan elementos opuestos de la realidad y transmiten efectos sensoriales entremezclados.
La tradición está muy presente en su obra, a través de la música y los cantos tradicionales.
Con una gran capacidad de síntesis, armoniza formas, tonalidades y símbolos, como por ejemplo, la luna, que muchas veces representa la muerte, y en otras, la fecundidad, la esterilidad o la belleza. Sus metáforas relacionan elementos opuestos de la realidad y transmiten efectos sensoriales entremezclados.
La tradición está muy presente en su obra, a través de la música y los cantos tradicionales.
Tuvo la influencia del drama modernista, del teatro de Lope de Vega y de Calderón de la Barca.
Falleció fusilado en Granada, víctima del fascismo, durante la Guerra Civil española, a pesar de no haberse afiliado a ninguna fracción política, aproximadamente el 19 de agosto de 1936.
Luego de su muerte, se publicaron “Primeras canciones”, “Amor de Don Perlinplín con Belisa en su jardín” y “Odas y Suites”.
BODAS DE SANGRE
- Género: Dramático
- Especie: Tragedia
- Estructura: Tres actos y siete cuadros, que corresponden tres al primer acto y dos a casa uno de los restantes.
- Escrito en: Verso y prosa
- Temas: La muerte, la venganza, la honra, la pasión, el odio, la fatalidad, el dolor materno ante la pérdida de sus hijos, la soledad de la mujer sin hombre.
- Personajes: Ninguno se identifica con un nombre propio, con excepción de Leonardo.
- Personajes principales:
- La Madre. Es una mujer fuerte, honrada, dominante, que vive obsesionada por el recuerdo de las muertes de los integrantes de su familia. Manifiesta un fuerte deseo de venganza. Además, muestra temor de perder a su hijo.
- La Novia. Joven de 22 años. Es víctima de una fuerte pasión hacia Leonardo. Personaje pasivo, desencadena con su huida la tragedia. En la escena del bosque muestra toda su sensualidad. Al final de la obra, acepta el destino, fatum, no se arrepiente y proclama el poder de su pasión contra las convenciones sociales. Identifica honor con virginidad.
- Leonardo. Campesino pobre y fuerte. Se debate entre el antiguo rechazo de la Novia y la pasión que intentó acallar por orgullo. Ligado al caballo aparece como la fuerza del instinto, sin importarle deberes o responsabilidades. Es independiente, díscolo y seductor con las mujeres.
- El Novio. Lleva tres años de noviazgo con su Novia, pero parece no conocerla bien. Ignora la vida sentimental anterior de ésta o no le presta mucha importancia. Es frío, cortés y afable. Representa para la Novia la seguridad social y el freno contra su propia inclinación.
- Personajes secundarios.
- La Criada. La más cercana a la Novia. Trata de impedir la tragedia. Le reprocha a Leonardo que visite a la Novia.
- La Mujer. Esposa de Leonardo. Presiente el conflicto y llora al enterarse que el marido visita a la Novia. Es la que descubre la huida de los amantes.
- El Padre. Sólo ve lo inmediato. Tierras, sembrados y caudal absorben todo su interés. Considera la boda en su aspecto económico y comparte con la Madre el deseo de nietos que son para él más brazos para explotar la tierra.
- La Suegra. Madre de la esposa de Leonardo.
- Los símbolos:
- El cuchillo. Al inicio de la obra, el Novio pide una navaja para cortar uvas. Más adelante, dice la Madre: “No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo”. Luego, se menciona: “La Luna deja un cuchillo abandonado en el aire”, y después: “El aire va llegando duro, con doble filo”. Dice la
- Mendiga: “Ilumina el chaleco y aparta los botones,/ que después las navajas ya saben el camino”.
- El caballo. Sirve como presagio de la muerte de los hombres. El caballo y el destino trágico que corta abruptamente la vida a menudo aparecen unidos en la obra. El caballo representa el elemento móvil y obligatoriamente trágico. Leonardo iba por la casa de la Novia llevado por su caballo, el día de la boda los amantes huyen en un caballo, el novio persigue a los prófugos montado en un caballo. Después de la muerte del Novio y Leonardo dice la Mendiga:
Yo los vi; pronto llegan: dos torrentes
quietos entre las piedras grandes,
dos hombres en las patas del caballo.
Muertos en la hermosura de la noche.- El azahar. Símbolo tradicional de la boda. Al tirar la prometida la corona al suelo, asume valor augural. Es un anticipo de su huida. En el acto tercero la Madre dice a la Novia: “¡Floja, delicada, mujer de mal dormir es quien tira una corona de azahar para buscar un pedazo de cama calentado por otra mujer!”
- La sangre. Significa:
a) Castidad, reproducción sexual, simiente, unido al tema de la vida. En el canto nupcial aparece la sangre derramada que alude al mismo tiempo a la tragedia y la desfloración:
Porque el novio es un palomo
con todo el pecho de brasa
y espera el campo el rumor
de la sangre derramada.
con todo el pecho de brasa
y espera el campo el rumor
de la sangre derramada.
b) Sangre derramada, muerte, venganza. La Madre, al terminar abruptamente el festejo d ela boda, dice: “Ha llegado otra vez la hora de la sangre”, haciendo referencia a la venganza.
C) Inclinación o ímpetu amoroso o sexual. La sangre contenida es pasión, impulso reprimido. Dicen los leñadores
C) Inclinación o ímpetu amoroso o sexual. La sangre contenida es pasión, impulso reprimido. Dicen los leñadores
LEÑADOR 2. -Hay que seguir la inclinación. Han hecho bien en huir.
LEÑADOR 1. -Se estaban engañando el uno al otro y al fin la sangre pudo más.
LEÑADOR 3. -¡La sangre!
LEÑADOR 1. -¡Hay que seguir el camino de la sangre!
LEÑADOR 1. -Se estaban engañando el uno al otro y al fin la sangre pudo más.
LEÑADOR 3. -¡La sangre!
LEÑADOR 1. -¡Hay que seguir el camino de la sangre!
Más adelante se dice que si no se sigue la inclinación, la sangre se pudre: “¿Y qué? Más vale ser muerto desangrado que vivo con ella podrida”.
-
- La muerte. Pasa de ser un suceso individual y accidental, a ser un problema de trasfondo mítico y universal. La Muerte se presenta como una Mendiga en el bosque.
- La Luna. Es un leñador. Signo perturbador, de inminencia ineludible. Es la precursora de la muerte. No es la muerte misma, sino quien elige las víctimas. Su función es de anticipo y concreción de la muerte, al iluminar los chalecos de las víctimas. Tanto el Novio como Leonardo han sido elegidos de antemano; son propiciatoriamente inmolados.
Si la Luna es hombre, leñador y joven, la muerte es mendiga, vieja, apenas se le ve la cara y está cubierta por paños verdeoscuros. - Las Parcas. Están representadas como dos muchachas vestidas de azul oscuro.
Leñadores, Luna, Mendiga, Muchachas participan de lo mítico y son al mismo tiempo posibles en la realidad cotidiana.
- EL MOTIVO DEL HONOR. Tema de vieja raigambre en el teatro español. En Bodas de sangre, la Novia defiende su concepción de la honra frente al código social. La Madre es la sostenedora del sentido tradicional. Define el matrimonio como: “Un hombre, unos hijos y una pared de dos varas de ancho para todo lo demás”. La honra de su hijo atiende a la sana prolongación de la estirpe: “Mi hijo es hermoso. No ha conocido mujer. La honra más limpia que una sábana puesta al sol”.
En el bosque la Novia dibuja distintas imágenes de su deshonra. Sabe que la pasión la ha arrastrado más allá de las convenciones sociales. La Novia rebaja su deseo al del animal en celo:
Y yo dormiré a tus pies
para guardar lo que sueñas.
Desnuda, mirando al campo,
como si fuera una perra,
¡porque eso soy! Que te miro
y tu hermosura me quema.
La Novia agrega una nueva imagen a su deshonor:
Llévame de feria en feria,
dolor de mujer honrada,
a que las gentes me vean
con las sábanas de boda
al aire, como banderas.
para guardar lo que sueñas.
Desnuda, mirando al campo,
como si fuera una perra,
¡porque eso soy! Que te miro
y tu hermosura me quema.
La Novia agrega una nueva imagen a su deshonor:
Llévame de feria en feria,
dolor de mujer honrada,
a que las gentes me vean
con las sábanas de boda
al aire, como banderas.
Cuando se enfrentan la Madre y la Novia, la primera está aún preocupada por la honra de su hijo, honra que en el concepto tradicional se lava con sangre. A este concepto la Novia opone el suyo en que identifica honra y doncellez. En este deseo de probar su virginidad manifiesta que si bien se dejó arrastrar por la pasión, no mintió, no engañó al Novio.
Para la Madre, la honra de la Novia no tiene importancia frente a su dolor: “¿Qué me importa eso a mí?… ¿Qué me importa a mí tu honradez?”
Para la Madre, la honra de la Novia no tiene importancia frente a su dolor: “¿Qué me importa eso a mí?… ¿Qué me importa a mí tu honradez?”
- Argumento
La historia comienza con el diálogo de la madre y su hijo que está próximo a casarse. Esté hijo es llamado el novio, pertenece a una familia adinerada, pero disminuida por la pérdida de sus integrantes, a raíz de las desgracias que se habían suscitado en su familia.
MADRE. Perdóname. (Pausa) ¿Cuánto tiempo llevas en relaciones?
NOVIO. Tres años. Ya pude comprar la viña.
MADRE. Tres años. Ella tuvo un novio, ¿no?
NOVIO. No sé. Creo que no. Las muchachas tienen que mirar con quien se casan.
MADRE. Sí. Yo no miré a nadie. Miré a tu padre, y cuando lo mataron miré a la pared de enfrente. Una mujer con un hombre, y ya está.
NOVIO. Usted sabe que mi novia es buena.
MADRE. No lo dudo. De todos modos, siento no saber cómo fue su madre.
NOVIO. Tres años. Ya pude comprar la viña.
MADRE. Tres años. Ella tuvo un novio, ¿no?
NOVIO. No sé. Creo que no. Las muchachas tienen que mirar con quien se casan.
MADRE. Sí. Yo no miré a nadie. Miré a tu padre, y cuando lo mataron miré a la pared de enfrente. Una mujer con un hombre, y ya está.
NOVIO. Usted sabe que mi novia es buena.
MADRE. No lo dudo. De todos modos, siento no saber cómo fue su madre.
La madre da su aprobación para el matrimonio, aunque con ciertas dudas. El esposo y el hijo de la madre habían muerto a causa de un enfrentamiento sostenido años atrás con ciertos integrantes de la familia Félix y a la que ella culpaba de todas sus desgracias, manifestando que era una familia de “mala sangre”. Es por ello, que ella quería para su único hijo, una buena esposa con la que pudiera tener muchos hijos, los cuales serían los nietos que alegrarían su vejez.
NOVIO. Me voy. Mañana iré a verla.
MADRE. Sí, sí; y a ver si me alegras con seis nietos, o los que te dé la gana, ya que tu padre no tuvo lugar de hacérmelos a mí.
NOVIO. El primero para usted.
MADRE. Sí, pero que haya niñas. Que yo quiero bordar y hacer encaje y estar tranquila.
NOVIO. Estoy seguro que usted querrá a mi novia.
MADRE. La querré. (Se dirige a besarlo y reacciona). Anda, ya estás muy grande para besos. Se los das a tu mujer. (Pausa. Aparte). Cuando lo sea.
MADRE. Sí, sí; y a ver si me alegras con seis nietos, o los que te dé la gana, ya que tu padre no tuvo lugar de hacérmelos a mí.
NOVIO. El primero para usted.
MADRE. Sí, pero que haya niñas. Que yo quiero bordar y hacer encaje y estar tranquila.
NOVIO. Estoy seguro que usted querrá a mi novia.
MADRE. La querré. (Se dirige a besarlo y reacciona). Anda, ya estás muy grande para besos. Se los das a tu mujer. (Pausa. Aparte). Cuando lo sea.
La madre, conversando con una vecina sobre la boda de su hijo, le pregunta si acaso conocía a la novia y su familia; se entera que antes de comprometerse con su hijo, la novia había tenido un noviazgo de tres años con otro joven llamado Leonardo, con el que terminó su compromiso cuando éste se casó con una prima de ella. Se enteró que ese novio era Leonardo, un integrante de la familia de los Félix, al que odiaba tanto.
VECINA. Tienes razón. Tú hijo vale mucho.
MADRE. Vale. Por eso lo cuido. A mí me habían dicho que la muchacha tuvo novio hace tiempo.
VECINA. Tendría ella quince años. Él se casó hace ya dos años con una prima de ella, por cierto. Nadie se acuerda del noviazgo.
MADRE. ¿Cómo te acuerdas tú?
VECINA. ¡Me haces unas preguntas!…
MADRE. A cada uno le gusta enterarse de lo que le duele.
¿Quién fue el novio?
VECINA. Leonardo.
MADRE. ¿Qué Leonardo?
VECINA. Leonardo el de los Félix.
MADRE. (Levantándose.) ¡De los Félix!
VECINA. Mujer, ¿qué culpa tiene Leonardo de nada? Él tenía ocho años cuando las cuestiones.
MADRE. Es verdad… Pero oigo eso de Félix y es lo mismo (entre dientes.) Que llenárseme de cieno la boca (Escupe.), y tengo que escupir, tengo que escupir por no matar.
VECINA. Repórtate. ¿Qué sacas con eso?
MADRE. Nada. Pero tú lo comprendes.
VECINA. No te opongas a la felicidad de tu hijo. No le digas nada. Tú estás vieja. Yo, también. A ti y a mí nos toca callar.
MADRE. No le diré nada.
MADRE. Vale. Por eso lo cuido. A mí me habían dicho que la muchacha tuvo novio hace tiempo.
VECINA. Tendría ella quince años. Él se casó hace ya dos años con una prima de ella, por cierto. Nadie se acuerda del noviazgo.
MADRE. ¿Cómo te acuerdas tú?
VECINA. ¡Me haces unas preguntas!…
MADRE. A cada uno le gusta enterarse de lo que le duele.
¿Quién fue el novio?
VECINA. Leonardo.
MADRE. ¿Qué Leonardo?
VECINA. Leonardo el de los Félix.
MADRE. (Levantándose.) ¡De los Félix!
VECINA. Mujer, ¿qué culpa tiene Leonardo de nada? Él tenía ocho años cuando las cuestiones.
MADRE. Es verdad… Pero oigo eso de Félix y es lo mismo (entre dientes.) Que llenárseme de cieno la boca (Escupe.), y tengo que escupir, tengo que escupir por no matar.
VECINA. Repórtate. ¿Qué sacas con eso?
MADRE. Nada. Pero tú lo comprendes.
VECINA. No te opongas a la felicidad de tu hijo. No le digas nada. Tú estás vieja. Yo, también. A ti y a mí nos toca callar.
MADRE. No le diré nada.
Por otro lado, la esposa de Leonardo sospecha que éste ha estado cabalgando al límite de los llanos, lugar por donde vivía su antigua novia. La esposa le comenta a Leonardo sobre la boda próxima de su prima, con lo que Leonardo se levanta de la mesa y sale fuera de casa.
MUJER. ¿Sabes que piden a mi prima?
LEONARDO. ¿Cuándo?
MUJER. Mañana. La boda será dentro de un mes. Espero que vendrán a invitarnos.
LEONARDO. (Serio.) No sé.
SUEGRA. La madre de él creo no estaba muy satisfecha con el casamiento.
LEONARDO. Y quizá tenga razón. Ella es de cuidado.
MUJER. No me gusta que penséis mal de una buena muchacha.
SUEGRA. Pero cuando dice eso es porque la conoce. ¿No ves que fue tres años novia suya? (Con intención.)
LEONARDO. Pero la dejé. (A su mujer.) ¿Vas a llorar ahora? ¡Quita! (Le aparta bruscamente las manos de la cara.)
LEONARDO. ¿Cuándo?
MUJER. Mañana. La boda será dentro de un mes. Espero que vendrán a invitarnos.
LEONARDO. (Serio.) No sé.
SUEGRA. La madre de él creo no estaba muy satisfecha con el casamiento.
LEONARDO. Y quizá tenga razón. Ella es de cuidado.
MUJER. No me gusta que penséis mal de una buena muchacha.
SUEGRA. Pero cuando dice eso es porque la conoce. ¿No ves que fue tres años novia suya? (Con intención.)
LEONARDO. Pero la dejé. (A su mujer.) ¿Vas a llorar ahora? ¡Quita! (Le aparta bruscamente las manos de la cara.)
La novia vivía en los secanos, tierras de clima cálido y seco, allí vivía sólo con su padre, pues era huérfana de madre. El novio y su madre van a la casa de la novia y acuerdan el día de la boda; la novia no está muy satisfecha. Esa noche la novia escucha el ruido de un caballo y al asomarse a la ventana comprueba que es Leonardo.
Al amanecer del día de la boda, mientras la criada peinaba a la novia, aparece Leonardo para hablarle y recordarle sus amores pasados. Éste desaparece al sentir que un grupo de jóvenes se acercaba a la casa entonando canciones de boda. La novia y los invitados van a la iglesia.
Al amanecer del día de la boda, mientras la criada peinaba a la novia, aparece Leonardo para hablarle y recordarle sus amores pasados. Éste desaparece al sentir que un grupo de jóvenes se acercaba a la casa entonando canciones de boda. La novia y los invitados van a la iglesia.
NOVIA. ¿A qué vienes?
LEONARDO. A ver tu casamiento.
NOVIA. ¡También yo vi el tuyo!
LEONARDO. Amarrado por ti, hecho con tus dos manos. A mí me pueden matar, pero no me pueden escupir. Y la plata, que brilla tanto, escupe algunas veces.
NOVIA. ¡Mentira!
LEONARDO. No quiero hablar, porque soy hombre de sangre, y no quiero que todos estos cerros oigan mis voces.
NOVIA. Las mías serían más fuertes.
CRIADA. Estas palabras no pueden seguir. Tú no tienes que hablar de lo pasado. (La CRIADA mira a las puertas presa de inquietud.)
NOVIA. Tienes razón. Yo no debo hablarte siquiera. Pero se me calienta el alma de que vengas a verme y atisbar mi boda y preguntes con intención por el azahar. Vete y espera a tu mujer en la puerta.
LEONARDO. ¿Es que tú y yo no podemos hablar?
CRIADA. (Con rabia.) No; no podéis hablar.
LEONARDO. Después de mi casamiento he pensado noche y día de quién era la culpa, y cada vez que pienso sale una culpa nueva que se come a la otra; pero ¡siempre hay culpa!
NOVIA. Un hombre con su caballo sabe mucho y puede mucho para poder estrujar a una muchacha metida en un desierto. Pero yo tengo orgullo. Por eso me caso. Y me encerraré con mi marido, a quien tengo que querer por encima de todo.
LEONARDO. El orgullo no te servirá de nada. (Se acerca.)
NOVIA. ¡No te acerques!
LEONARDO. Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y el dejarte despierta noches y noches? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque!
NOVIA. (Temblando.) No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si me bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Y me arrastra y sé que me ahogo, pero voy detrás.
CRIADA. (Cogiendo a LEONARDO por las solapas.) ¡Debes irte ahora mismo!
LEONARDO. Es la última vez que voy a hablar con ella. No temas nada.
NOVIA. Y sé que estoy loca y sé que tengo el pecho podrido de aguantar, y aquí estoy quieta por oírlo, por verlo menear los brazos.
LEONARDO. No me quedo tranquilo si no te digo estas cosas. Yo me casé. Cásate tú ahora.
CRIADA. (A LEONARDO.) ¡Y se casa!
VOCES. (Cantando más cerca.)
Despierte la novia
la mañana de la boda.
NOVIA. ¡Despierte la novia!
(Sale corriendo a su cuarto)
CRIADA. Ya está aquí la gente. (A LEONARDO.) No te vuelvas acercar a ella.
LEONARDO. Descuida. (Sale por la izquierda.)
LEONARDO. A ver tu casamiento.
NOVIA. ¡También yo vi el tuyo!
LEONARDO. Amarrado por ti, hecho con tus dos manos. A mí me pueden matar, pero no me pueden escupir. Y la plata, que brilla tanto, escupe algunas veces.
NOVIA. ¡Mentira!
LEONARDO. No quiero hablar, porque soy hombre de sangre, y no quiero que todos estos cerros oigan mis voces.
NOVIA. Las mías serían más fuertes.
CRIADA. Estas palabras no pueden seguir. Tú no tienes que hablar de lo pasado. (La CRIADA mira a las puertas presa de inquietud.)
NOVIA. Tienes razón. Yo no debo hablarte siquiera. Pero se me calienta el alma de que vengas a verme y atisbar mi boda y preguntes con intención por el azahar. Vete y espera a tu mujer en la puerta.
LEONARDO. ¿Es que tú y yo no podemos hablar?
CRIADA. (Con rabia.) No; no podéis hablar.
LEONARDO. Después de mi casamiento he pensado noche y día de quién era la culpa, y cada vez que pienso sale una culpa nueva que se come a la otra; pero ¡siempre hay culpa!
NOVIA. Un hombre con su caballo sabe mucho y puede mucho para poder estrujar a una muchacha metida en un desierto. Pero yo tengo orgullo. Por eso me caso. Y me encerraré con mi marido, a quien tengo que querer por encima de todo.
LEONARDO. El orgullo no te servirá de nada. (Se acerca.)
NOVIA. ¡No te acerques!
LEONARDO. Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima. ¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y el dejarte despierta noches y noches? ¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros, no hay quien las arranque!
NOVIA. (Temblando.) No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si me bebiera una botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Y me arrastra y sé que me ahogo, pero voy detrás.
CRIADA. (Cogiendo a LEONARDO por las solapas.) ¡Debes irte ahora mismo!
LEONARDO. Es la última vez que voy a hablar con ella. No temas nada.
NOVIA. Y sé que estoy loca y sé que tengo el pecho podrido de aguantar, y aquí estoy quieta por oírlo, por verlo menear los brazos.
LEONARDO. No me quedo tranquilo si no te digo estas cosas. Yo me casé. Cásate tú ahora.
CRIADA. (A LEONARDO.) ¡Y se casa!
VOCES. (Cantando más cerca.)
Despierte la novia
la mañana de la boda.
NOVIA. ¡Despierte la novia!
(Sale corriendo a su cuarto)
CRIADA. Ya está aquí la gente. (A LEONARDO.) No te vuelvas acercar a ella.
LEONARDO. Descuida. (Sale por la izquierda.)
Después de llevarse a cabo la boda, todos se reúnen en la casa de la novia. En plena fiesta, la novia se retira discretamente, seguida de Leonardo; después de un rato, vuelve la novia con un semblante diferente. La mujer de Leonardo pregunta por él al notar que no se encontraba su caballo.
Mientras tanto, la novia decide subir a su cuarto manifestando tener un dolor de cabeza y negándose a que el novio la acompañe. Después de un rato, llega la mujer de Leonardo gritando que su esposo y la novia habían huido juntos, causando la indignación de los invitados y parientes allí presentes.
El novio, lleno de ira y coraje, pide su caballo y sale en busca de los fugitivos amantes, seguido por dos grupos de gentes que se habían ofrecido para ayudar en la búsqueda.
Mientras tanto, la novia decide subir a su cuarto manifestando tener un dolor de cabeza y negándose a que el novio la acompañe. Después de un rato, llega la mujer de Leonardo gritando que su esposo y la novia habían huido juntos, causando la indignación de los invitados y parientes allí presentes.
El novio, lleno de ira y coraje, pide su caballo y sale en busca de los fugitivos amantes, seguido por dos grupos de gentes que se habían ofrecido para ayudar en la búsqueda.
En el bosque aparece una mendiga que representa la muerte, se encuentra con el novio y le indica donde se encuentran los prófugos.
En otro lugar del bosque, la novia y Leonardo hablan sobre su pasión; el novio llega al lugar y desata una pelea a cuchillo. Mueren Leonardo y el novio, se mataron mutuamente.
La madre se encontraba en su casa, en ese momento llega la novia, con un aspecto triste y lastimero; se acerca a la madre pidiendo compasión y diciendo que nunca engañó a su hijo, pues sí lo quería, pero el amor y la pasión que sentía por Leonardo era más fuerte. La madre la maldice y humilla considerándole culpable de lo sucedido. Al final, llegan la mujer de Leonardo y su madre, avisando que traían los cuerpos de Leonardo y el novio.
En otro lugar del bosque, la novia y Leonardo hablan sobre su pasión; el novio llega al lugar y desata una pelea a cuchillo. Mueren Leonardo y el novio, se mataron mutuamente.
La madre se encontraba en su casa, en ese momento llega la novia, con un aspecto triste y lastimero; se acerca a la madre pidiendo compasión y diciendo que nunca engañó a su hijo, pues sí lo quería, pero el amor y la pasión que sentía por Leonardo era más fuerte. La madre la maldice y humilla considerándole culpable de lo sucedido. Al final, llegan la mujer de Leonardo y su madre, avisando que traían los cuerpos de Leonardo y el novio.
NOVIA. (A la vecina.) Déjala; he venido para que me mate y que me lleven con ellos. (A la MADRE). Pero no con las manos; con garfios de alambre, con una hoz, y con fuerza, hasta que se rompa en mis huesos. ¡Déjala! Que quiero que sepa que yo soy limpia, que estaré loca, pero que me pueden enterrar sin que ningún hombre se haya mirado en la blancura de mis pechos.
MADRE. Calla, calla; ¿qué me importa eso a mí?
MADRE. Calla, calla; ¿qué me importa eso a mí?
NOVIA. ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia.) Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien! Yo no quería. ¡Tú hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, siempre, aunque hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos!
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